El comportamiento de su propio hijo a veces enfurece a los padres. Empiezan a gritar y azotarlo, pero al día siguiente la mala acción puede volver a ocurrir. Esto sucede porque también necesita poder regañar a los niños. Es el castigo correcto que conducirá a un buen comportamiento en el futuro.

Instrucciones
Paso 1
Controle sus emociones. Ser padre es un trabajo duro y su primera prioridad es desarrollar una paciencia férrea. Para convertirse en un miembro de pleno derecho de la sociedad, debe vigilar sus palabras y acciones en los momentos de castigo. A veces, sin saberlo, puede ofender y humillar a un niño, lo que afectará no solo su relación futura, sino también la formación de su personalidad.
Paso 2
No llores. No siempre es posible levantar la voz para lograr algo. No es necesario jurar, cambiando a tonos elevados. Hablar con su hijo será mucho más eficaz. Párese de tal manera que lo mire a los ojos (puede sentarse o levantarlo en una silla) y explíquele cuál fue su comportamiento incorrecto, por qué no debe hacerse y por qué los adultos lo condenan. Este tipo de conversación afecta a los niños mejor que los gritos y las esposas.
Paso 3
No dejes que nadie más regañe a tu pequeño. Hay mamá y papá que pueden criticar las acciones y decir cómo no hacerlo. El resto de tías y tíos deben criar a sus hijos y no invadir los tuyos. No dejes que se ofenda, porque así es como percibe lo que permitiste que le gritara la tía Masha.
Paso 4
No trate todos los males como uno solo. Todo niño debe ser castigado, pero en ningún caso mencionar que falla constantemente, que es torpe o no sabe comportarse. Una ofensa, un reproche.
Paso 5
Sé justo. No sería del todo correcto privarse de su juego favorito o ver dibujos animados por el hecho de que el niño se olvidó de poner la taza en el fregadero. Trate de elegir castigos acordes con la infracción.
Paso 6
Evite el castigo físico. Sí, puede azotar a su hijo, arrastrarlo brusca y bruscamente lejos de la "escena del crimen", pero no debería hacerlo. Esto solo lo intimidará y te hará sentir temeroso, lo que es poco probable que lleve a buenas relaciones familiares.